«El resort más ecológico del mundo será un oasis». Este era el llamativo titular que me encontré recientemente en un importante periódico de tirada nacional. Ante esta presuntuosa presentación, y desde mi perspectiva como arquitecto, no tuve más remedio que leer en qué basaban tan firmemente este titular.

La primera impresión me viene a través de una magnífica imagen virtual del equipo londinense de Baharash Bagherian.
Se trata de una instalación de baja altura y gran tamaño ubicada en lo que parece una zona desértica sin urbanizar. Zonas de dunas, vegetación subdesértica y laderas interrumpidas por grandes instalaciones diseñadas para el lujo.
Inevitablemente surge la pregunta: ¿Estamos ante otra vistosa obra en la cuna del derroche que son hoy los Emiratos Árabes Unidos?
Las promesas del proyecto: Autosuficiencia aparente
Según la descripción del proyecto, el mayor desafío en dicho entorno era el agua. Para solucionarlo, proponen extraerla de profundos pozos subterráneos. Esta misma agua serviría para:
- Regar zonas de producción hortícola para el autoconsumo del resort.
- Abastecer una gran laguna central recreativa donde aseguran que se podría pescar.
- Cubrir las necesidades básicas del complejo.
Adicionalmente, afirman que todo el complejo se autoabastecería energéticamente gracias a las placas solares que cubren las cubiertas de la edificación.
Análisis crítico ¿Es realmente un resort ecológico?
Aquí es donde debemos detenernos a analizar la letra pequeña.
El concepto de «ecológico y sostenible» no se reduce a poner placas solares y crear una imagen visual atractiva («Greenwashing»); es una definición mucho más amplia que debe estudiar el ciclo de vida completo.

El impacto de las infraestructuras
Construir en un espacio virgen y sin desarrollar implica la creación desde cero de infraestructuras viarias, redes eléctricas y saneamiento.
El problema no es solo la obra final, sino el proceso: el desplazamiento de maquinaria pesada a un lugar aislado contamina irremediablemente el entorno.
A esto debemos sumar el tráfico perpetuo que generarán después los huéspedes, autobuses de personal, transporte de provisiones y mantenimiento. Todo este impacto ambiental y huella de carbono se podría ahorrar construyendo en un entorno urbano ya consolidado o rehabilitando zonas existentes.
El peligroso desequilibrio hídrico
El desierto posee un ecosistema frágil donde cada gota cuenta para la flora y fauna subdesértica. Plantear la explotación de un acuífero para crear zonas de spa, piscinas y una laguna artificial es, técnicamente, una temeridad.
En un clima tan árido, la tasa de evaporación de una lámina de agua expuesta (como el lago propuesto) es altísima, lo que obligará a una extracción constante y masiva de recursos hídricos subterráneos. Todo ello para conseguir la particularidad de dormir un par de noches en el exótico desierto con el máximo confort.
Más allá de la imagen
En Estudio Lux creemos que la sostenibilidad debe ser honesta.
Este proyecto demuestra que la tecnología (placas solares) por sí sola no hace que un edificio sea ecológico si la ubicación y el planteamiento base van en contra del entorno.
La verdadera arquitectura sostenible respeta los recursos existentes y minimiza el impacto desde la primera línea del plano, no solo en la foto final.
El proyecto pertenece al equipo londinense de Baharash Bagherian.